miércoles, 7 de septiembre de 2011

SERENATA PARA LA TIERRA DE UNO


No, mi país no es el mejor del mundo, en mi país la injusticia corre por las calles, se asoma a las puertas y ventanas, se escurre por los rincones llevando un halito de muerte que hiela la sangre y paraliza el alma. En mi país hay miles de voces silenciadas, horrores que de tan espantosos son inconfesables. En mi país no abunda la consciencia, por el contrario es más bien escasa. Siguen venciendo los corruptos delincuentes de saco y de corbata. Se sigue negociando con la vida, se sigue atropellando la palabra, del que dice la verdad sin contenerse, del que dice lo que siente y lo que pasa. Pero mi país me cala hasta los huesos, me llega al corazón, la vida, el alma, y es por eso que le doy mi tiempo entero, y es por eso que busco, cada día con más ansias, como hacerlo más parecido a lo que sueño y más distante de lo que me espanta. Como construirlo más justo y más consciente,  más acorde con el verde propio de sus montañas, más puro, diáfano y transparente, más amigo de la dignidad humana, porque a mi país le falta mucho, mucho, yo nunca le volveré la espalda. Y no importa lo mucho que me duela, le seguiré trayendo serenata.



http://www.youtube.com/watch?v=zvd-8DRur-A

lunes, 1 de agosto de 2011

DISERTACIONES

Enamorarse, amar a alguien, ¿qué significa?, ¿qué valor tiene o puede llegar a tener? ¿ física, química, admiración, sensibilidad, sentimiento?, tantos sucesos desencadenantes y ninguna causa en particular. Obviamente podemos dedicarnos al análisis y siempre encontraremos las razones, ciertas o ficticias estarán allí, acudirán en nuestro auxilio, pero en realidad ¿son tan validas cuanto quisiésemos que fueran? ¿Y tendrá sentido acaso el buscarlas? No sería más sencillo y honesto afirmar que amamos simplemente porque sí, muchas veces sin razón o mérito alguno, solo porque el amor aparece allí como un hecho incontestable, como un geiser en medio de la nada, acaso a veces de un desierto. Aparece para volverlo todo patas arriba o para acomodarlo de nuevo y ponerlo en su sitio, pero aparece para fortuna o infortunio de aquellas y aquellos que han de vérselas con él. Lo cierto es que una vida al margen de la experiencia amorosa sería infelizmente más tranquila y obviamente más árida, más baldía y desolada, tal vez por eso amamos al amor más que a cualquier otro tipo de experiencia, lo necesitamos en todas sus formas y especies, a veces incluso en aquellas que sin llegar a ser lo simulan, lo imitan o reflejan, y por ello quizás no importa tanto el saber cómo el sentir o el vivir,  el resultado mismo de la experiencia; pues aunque ella misma no se pueda definir, sus efectos son claramente decisivos y determinantes, amar nos constituye en seres humanos, nos aleja del simple impulso animal y nos hace trascender. Sin importar si este amor es correspondido o no, sin tener en cuenta su felicidad o infelicidad posibles, el solo hecho de asomarse a la experiencia amorosa es de por si un logro manifiesto, pues nos lleva a debatirnos completamente, a revisarnos e intentar conocernos, como nada más puede hacerlo. Nos abre a la necesidad del otro o de la otra, a la experiencia de la indagación, al anhelo de saber, de dar, de recibir, a la búsqueda de perfección y de desarrollo, de aprendizaje, de ahí que Platón considere al amor como la idea más poderosa, la que mueve al mundo al dinamizar el espíritu en aras de lo que es en sí mismo bueno y bello. Entonces más allá del romanticismo que sitúa el valor del amor en el amado o de la propia filosofía de las ideas que lo centra en lo amado en tanto que ideal, quizás el valor del amor esté en el simple hecho de amar, en el esfuerzo y la intención de darse y recibir, de proyectarse al mundo en la realidad de los otros, de lo otro. Y pese a coincidir con Sartre en la consideración de que tal vez este amor sea en sí mismo un imposible en tanto que aprensión del ser y de la verdad, a diferencia de él considero que esto lejos de desvirtuar el esfuerzo lo reafirma, pues al fin de cuentas lo interesante de la búsqueda es lo inaprensible de la respuesta, de otro modo ¿para qué siquiera intentar pensar?.

miércoles, 27 de julio de 2011

FATIGA

Estaba cansada, llevaba ya varios días matando gente, cada asesinato exigía de ella todo su potencial y creatividad. Realmente no era una tarea fácil escoger la víctima y descifrarla, construir el escenario para el crimen, determinar la hora y circunstancias, no dejar huellas delatoras y sobretodo hacer que el cierre fuera perfecto. A veces se sentía extenuada y carente de motivación, especialmente cuando la víctima le era desconocida o extraña, cuando no había móviles personales, sino que se trataba de un encargo. Ante todo porque sus clientes no solo establecían a quien debía matar, sino que determinaban que clase de muerte debía dársele al sujeto en cuestión: veneno, accidente, cuchillo, bala, suicidio, cosa que la hacía sentirse por completo exigida y limitada. Sin embargo al final poco importaba, siempre lo lograba, aunque obviamente algunas veces de forma más artística y satisfactoria y otras de manera llana o incluso con algunas  enmendaduras. Total lo importante era que el cliente quedara satisfecho, que decir el cliente, pensó, no tenía un cliente, más bien varias  clientas. Algunas bastante entusiastas, otras, las más indecisas, incluso algunas renuentes a manifestar cualquier clase de deseo o necesidad de venganza. Incluso había casos decepcionantes en los que ni siquiera era posible llevarlas a escoger víctima alguna. Repaso sus aventuras criminales, simplemente para establecer  la ruta del que había sido su recorrido. El crimen más fácil fue el primero – contraviniendo con ello todas las reglas del asesinato – tal vez porque para este tenía motivos netamente personales y conocía a su víctima de manera profunda, quizás, porque fue un homicidio limpio, algo así como una muerte del todo natural. A Jorge lo mato en plena tarde, en presencia de su esposa y de sus hijos, y no, no sintió culpa o compasión alguna, más bien experimento cierta clase de divertida liberación. A decir verdad a su propia hija le encantó el relato de los hechos, incluso varios de sus amigos lo aplaudieron. Los que siguieron fueron a decir verdad sencillos, algunos más satisfactorios que otros, como el de la fea, sintió tanto gusto al matarla, que incluso lo público. Con Jenny fue más difícil, no la conocía y aunque tenía motivos para que le desagradara no pensó que estos llegaran al punto de matarla, sin embargo su amiga se lo pidió y ella no pudo negarse, ¿cómo? Si la quería tanto. Así que la mato, que sea veneno le dijeron y claro veneno concedió, el problema no fue dárselo o que ella se lo tomara, incluso la muy tonta lo hizo por sus propios medios, el problema fue hallar la inspiración para matarla, encontrar ese tan preciso impulso homicida sin el que el crimen no es más que una mera posibilidad. No, definitivamente no era nada fácil esto de ser una asesina literaria.

jueves, 7 de julio de 2011

RESIGNACIÓN

Que tristeza tú desasosiego,  en el vano afán que traes de aferrarte a lo que ni ha sido ni será. Vuelves la espalda a la vida y te niegas a seguir, no he de ayudarte porque no puedo. No he de tenderte más esa mano que sé no has de tomar, porque no puedes, porque no quieres, porque es muy tarde ya. Tarde para ti enamorado de lo inasible y para mí que no tengo ni he de tener más paciencia para tu desvarió. Has elegido la muerte, el sufrimiento la perdida y ¿yo? Yo no puedo más que respetar tu elección, triste elección que no comparto pero acepto. Como se aceptan las sombras de lo que es en sí mismo triste y letal.  Te veo caer en el profundo pozo de la agonía escogida y no puedo más que musitar palabras tristes que no sirven ni servirán de consuelo ni a tu desazón ni a mi impotencia. Eliges caer, yo escojo vida. Vuelves tu espalda a mi presencia, no tengo más que hacer, nada que elegir, solo el olvido. Olvido de ti y de tu ineluctable tristeza, vana tristeza de lo que llamas amor y yo fantasía. Pero esa es la vida del desierto, el espejismo que todo lo retiene y que ante el oasis se torna cierto para quien ya murió, para quien vive muerto.

miércoles, 6 de julio de 2011

VICTORIA

Mi corazón de liebre ha retado de nuevo a la tortuga de mi razón a una carrera, como siempre ha salido la liebre disparada y cuando ya la muy tonta liebre cree que va ganando algo le pasa, es entonces cuando la parca tortuga toma la delantera, y paso a paso va remontando espacio mientras la liebre se echa plácidamente a descansar en medio del letargo, me alegra saber que ahora como tantas otras veces la tortuga ganara!

sábado, 2 de julio de 2011

TERRIBLE

TERRIBLE

Minúsculo, absurdamente insignificante, mínimo. Así se sintió tras descubrirlo. No sabía bien cómo había sucedido, simplemente pasó y todo lo que hasta entonces  creyó o vivió se rompió en dos.
Atrás quedaban la certeza y la seguridad de lo visto, lo olido, lo escuchado o percibido. Toda experiencia sensible quedaba banalizada, se tornaba intrascendente, aparente, marginal como él mismo, como su propia existencia terrenal. No pasaba lo mismo con las ideas, con la luminosa razón, que de tan iridiscente le dejaba ciego para todo lo que no fuese ella misma. Esa, que ahora llenaba todos los espacios, inaugurándolos con su presencia, transfigurándolos, desarraigándolos de toda seguridad o sentido, tan solo para resinificarlos.
Quiso hacerse una imagen de su descubrimiento pero no pudo. Hasta ese punto desbordaba su imaginación. Echó entonces mano de la analogía y lo supuso esférico, pensando en la grata perfección de la figura y en la belleza de su movimientos supo que sería un error pretender que “Él” fuera así, porque en su esencia negaba toda forma y cualquier movimiento. Es más, el cambio le resultaba refractario, inadmisible. Y sin embargo, esta ineludible humanidad que le agobiaba casi que le exigía buscar alguna clase de determinación o magnitud. Lo terrible de esta búsqueda es que siempre acababa en lo mismo: él puesto de narices ante la angustia de reconocer que perfecto, absoluto, eterno, infinito y finito no cuadraban. No lograba comprender la perfección como infinitud, pues esto sería sinónimo de indeterminación ¿Cómo abarcar entonces en una figura lo inabarcable? ¿Lo desbordante?

Cayó entonces en un mutismo transitorio, se miró a sí mismo en el reflejo de las aguas y asumió de una vez y para siempre el gesto que a partir de entonces habría de acompañarle, la mirada impenetrable, el gesto taciturno y serio, acorde presencia para lo que bien sabía le cabría de ahora en adelante: el pensar, el decir, el SER.

jueves, 30 de junio de 2011

LIBERACIÓN

LIBERACIÓN
Para William Betancourt,
Mi padre y mayor filósofo,
con todo mi amor
Tenía los ojos abiertos pese a la obscuridad, pero eso no era de extrañar. Llevaba años así, inmerso en un insomnio permanente.
Empezaba a amanecer, vio la sombra de su amigo tumbado a los pies del camastro y un esbozo de sonrisa se dibujó en su rostro. Era ¡tan joven!, no como él, a quien la vida le pesaba en el cuerpo y en el alma, en el hígado y el corazón; pues a pesar de haberse propuesto pensar, antes que sentir, debía aceptar que los sentimientos muchas veces habían ganado la batalla.
Un rayo de luz le llevó a decirse que aún era tiempo para cambiar su decisión. Irse sería en apariencia lo más conveniente, pero él nunca se había guiado por tal criterio, más bien por su contrario, de ahí que no lo hiciera. Pensar la sola posibilidad le daba nauseas, no se marcharía jamás, así nadie lo entendiese, sobre todo ella. Recordó a la mujer, sus lágrimas, la amargura que enturbiaba su mirada y que debería encarar más tarde cuando fuera a despedirse. El gesto de tristeza fue inmediato. Pobrecilla, pensó, cuán sola y perdida estaría de ahora en adelante, cuánto habría de sufrir y qué insoportable sería su dolor para  quienes la rodearan. Rió con algo de sorna al imaginar la situación. Por la vida práctica no se preocupaba, de ella se encargarían los amigos; hacia años ya que venían haciéndolo. ¡No!, lo difícil sería no estar juntos después de tantos años. Nadie lo entendería, ¿cómo hacerlo? Para muchos él era la víctima de este ser grosero e inconsecuente, que no dudaba en manotear e insultar a todos cada vez que se sentía alterada, cosa que pasaba casi a diario . No eran pocas las miradas de lástima que por esta causa él recibía; hubo incluso quien pensó que soportarla era una suerte de expiación filosófica, una ruta a la virtud. Lo que muy pocos conocían  era cuanto la amaba y cuán ligera había sido para él aquella carga, de qué modo fueron convenientes sus exabruptos; sobre todo porque ella decía aquello que él debía callar. Ella llamaba a su risa, afilaba su lengua y su razón, gracias precisamente a aquella irracionalidad que era tan suya y que, vista de un cierto modo, casi podría decirse razonable. Cuán perdido habría estado él si no la hubiese hallado en su camino, si ella nohubiera guiado sus pasos por este mundo que a él tan poco le importaba; si ella no lo liberara frecuentemente del peso de sus propias dudas y reflexiones, de la difícil prisión de su sabiduría. Ella había sido ese perro fiel que se lame las heridas sin dejar de gruñir y ladrar, ese al que no espantan los bastonazos que se le dan,  ni los terrones que se le tiran. Aquel  que todo lo soporta: el hambre, las pedradas y los golpes, que haciendo oídos sordos a las quejas que sobre él se emiten, te sigue haciendo menos duras las horas de penuria. Que se echa a tu lado al caer la noche con un gesto que solo en él puede llamarse compasivo. Era precisamente esa gran ternura la que siempre los había unido, ese ser cómplices entre los cómplices, compañeros eternos, complementos perfectos, como lo fuera la alegría de la tristeza, la ignorancia de la sabiduría o el error de la virtud. Ella y solo ella le había amado tal como él era, frágil, débil, un hombre apenas más prudente que los otros y tan solo algo más sabio. Ahora quedaría sumida en su soledad, eso lo sabía, esta última y final traición la desbordaría por completo y no sería posible hacerse más el sordo. Sintió las lágrimas corriendo por sus mejillas e intentó pasar el trago amargo, pero lo pastoso de su boca y el nudo en la garganta se lo impidieron. Era el dolor de la ausencia presentida, esa que se le develaba insoportable. La extrañaría más que a la luz del sol, lo sabía, allí en medio de las sombras venideras la anhelaría a su lado, tanto como ahora.
Frotó sus pies, nuevamente adoloridos e hinchados por los grilletes, pensó en este otro detalle, que irónicamente también había ignorado al desafiar a los jueces y su condena, ¡ah! ¡Cómo ama la parca reírse de la filosofía!
Helios y Eos, la de los rosados dedos, culminaban su tarea, la luz irrumpía dentro de la sombría estancia aclarándolo todo, miró ese nuevo amanecer sin nostalgia. No, no sería esta vida lo que extrañaría. Dejó salir una plegaria de sus labios para pedir a la divinidad le otorgase también a él el privilegio de esa luz. Especialmente cuando llegasen los amigos, tan queridos y tan pertenecientes. Ya no serían ellos quienes habrían de seguirle para entrar en la profundidad del diálogo, no se someterían más a las inclementes preguntas de su aguda ironía. Más bien, de ahora en más sería el quien les seguiría, no como sombra, que ni siquiera en dicha forma estaba dispuesto a abandonar Atenas, más bien como recuerdo o pertenencia. Si, ellos serían de ahora en adelante dueños universales de su legado, tanto de su vida como de su muerte, de su pensar, de su decir, del Mythos que seguramente erigirían en su honor o detrimento. Serían los últimos testigos de lo que fuera su existencia; ellos, no sus hijos, contemplarían sus últimos momentos y guardarían para sí la final exhalación con la que partiría su alma. De ahora en adelante habrían de ser Sócrates, se dijo y suspiro aliviado ante esta revelación liberadora; rió al constatar como finalmente la divinidad se compadecía de quien fuera su siervo y su profeta. Liberado, extendió los brazos, relajó los músculos de su agotado cuerpo, se tendió en la cama y tras muchos años de insomnio se durmió.